En el yacimiento de Elexazar se ha iniciado la séptima campaña de excavaciones arqueológicas de las diez previstas. En esta nueva campaña diecinueve personas participarán por primera vez. El objetivo es conocer nuevas estructuras constructivas y materiales más allá de las investigadas hasta el momento para obtener más datos que permitan un mejor conocimiento de todo el área. Los hallazgos hasta el momento sitúan en Elexazar un asentamiento de la época del Imperio Romano, descubierto del vecino de Larrinbe Andoni Aldama Murga. Dicho yacimiento se localiza en una zona de media montaña sobre la cuenca del Nervión, muy cercano al yacimiento romano de Aloria.Las excavaciones realizadas en este paraje en pasadas campañas desde 2009 han permitido identificar hasta el día de hoy un edificio con una planta compleja formada por la sucesiva adición de estancias o recintos a lo largo de diferentes fases constructivas, así como otras dos construcciones más. “El yacimiento ha sido evaluado, identificado y estudiado en la medida que nos ha sido posible a lo largo de las seis campañas precedentes, lo que no quiere decir que lo conozcamos en toda su extensión ni en toda su dimensión, por lo que en el presente 2017 proseguiremos la investigación arqueológica sobre nuevos espacios situados en la parte más alta del asentamiento” explica el director del proyecto Juanjo Hidalgo.
Entre dichas construcciones se halla una calle asimétrica donde ha aparecido una importante muestra de cerámica, si bien de escasa variedad, acompañada de elementos de hierro como clavos e instrumentos variados, muestra inequívoca de la intensa actividad de la época. Sin embargo, no es un yacimiento que de abundantes materiales. “Entre los cerámicos, el más habitual es el de las ollas. Se trata de recipientes muy versátiles y realizados con pastas gruesas, lo que precisamente ha facilitado su conservación en un medio con un PH tan ácido como el de Elexazar. La mayoría son bordes de olla vueltos al exterior con decoración de meandros e incisiones peinadas en la pared exterior del recipiente. También hay bordes de platos y fuentes, y algunos trozos de terra sigillata hispánica muy deteriorados por la acidez del suelo” añade Hidalgo.
Elementos metálicos
En cuanto a los elementos metálicos, la variedad instrumental y tipológica hallada ha sido muy importante, todos ellos elaborados en hierro. “Así, es numeroso y heterogéneo el grupo de los clavos y puntas, entre las que destacamos algunas de especial diseño y longitud (13 cm) que podrían confundirse con puntas de armamento, pero que obedecerían más a púas de rastrillo, cuya función de rastrillar no estaría aún demasiado definida. Otros elementos serían las tachuelas de sandalia y bota, algunas tan diminutas que sólo han podido ser recuperadas mediante la técnica del cribado por imanes” continúa el director del proyecto. También es importante el grupo de herramientas, tanto por su tamaño como por su variedad. Hay además elementos de bronce y dos monedas correspondientes a los emperadores Alejandro Severo y Gordiano III, las cuales dan una cronología situada en la primera mitad del siglo III.
Un hallazgo especial es el ara taurobolio sobre el que Hidalgo comenta que “se trata de un ara labrada en un bloque cuadrangular de arenisca con un bajorrelieve en su cara frontal, donde aparece representada la cabeza de un toro enmarcada por una doble cuerda y rematada en frontón clásico. Su base está acondicionada para apoyar sobre un pedestal, mientras la parte superior presenta un pulimento de uso. Estaríamos, pues, ante un elemento de carácter simbólico relacionado con el culto, ante el que orar, sacrificar o invocar protección de manera individual o colectiva. En cuanto a su datación, podemos recurrir a una moneda hallada en la misma unidad estratigráfica y correspondiente al emperador Alejandro Severo, acuñada en el 227 de nuestra era. Todo ello nos lleva a situarlo en el siglo III”. Estos trabajos se realizan gracias a Aunia Kultura Elkartea, Ayuntamiento de Amurrio y Diputación Foral de Álava.