Amurrio cuenta con un barrio peculiar y singular, ubicado en pleno monte donde se respira naturaleza a raudales. Estamos hablando de Aldama, un rincón en el que parece que el tiempo se ha detenido y donde se haya una pequeña ermita que a día de hoy mantiene la devoción de muchos amurrioarras a los santos Simón y Judas. De hecho cada 28 de octubre, en el día de su festividad, se celebra una fiesta que siempre congrega a muchas personas en este entorno natural que se impregna de bullicio festivo, pero este año es distinto porque la Covid-19 hace un parón en este tipo de celebraciones como medida de responsabilidad ante la pandemia. Por ello, este año no hay fiesta en Aldama y reina el silencio.