Un cuento como marco de unión e integración de niños y niñas con trastorno de autismo es sinónimo de “Tengo autismo… Mi amigo Poncho” escrito por Luis B. Rodríguez Ibernia directo del corazón a las líneas del libro. Luis, natural de Amurrio, es padre de Aimar, un niño de ocho años diagnosticado desde los cuatro con Trastorno con Espectro Autista TEA y desde los cinco con Altas Capacidades. Durante todos estos años “mi mujer, mi hijo mayor y yo hemos vivido diversas etapas junto a él y llegó un momento en el que sentí la necesidad de contar a la sociedad nuestra experiencia, que cada niño con autismo es único y que con esfuerzo y grandes dosis de paciencia la situación puede mejorar. Nuestro objetivo es que Aimar sea feliz y autónomo y hoy en día lo es” manifiesta Luis Rodríguez con mucha satisfacción y provocando con sus sinceras palabras una gran emoción en quien le escucha ya que detrás hay muchas lágrimas y también mucho tesón y superación por parte de la familia.“Yo no soy escritor pero tenía las ideas muy claras y creía que tenía que plasmarlas”.
Un cactus llamado Poncho
Y así con las ideas claras y con ganas de ayudar a otras familias que viven la misma situación y sobre todo con el objetivo de poner por bandera la felicidad y la autosuficiencia de los niños y niñas que tienen este trastorno nace “Tengo autismo… Mi amigo Poncho”. Luis Rodríguez narra vivencias de Aimar a través de un cactus llamado Poncho. Describe los pasos que se dan cuando saltan las primeras señales de alarma y posterior diagnóstico hasta su integración en un aula escolar. En estas páginas descubrimos diferentes personajes como la familia más cercana de Poncho y Asier, un compañero de su clase que aunque en principio considera que Poncho es raro y es un cactus con “unos pinchos muy grandes” en la convivencia va descubriendo y entendiendo que le pasa.“Poncho no vive en su mundo, vive en el mundo de todos nosotros, pero lo entiende de manera diferente. He visto cómo vive, sufre y se supera día a día. He entendido que todos somos diferentes y que no es malo serlo y… todos tenemos pinchos”  son las palabras de Asier en el cuento y sin duda el mensaje de Luis Rodríguez.