“Yo sabia que iba a ayudar a unos niños pero la experiencia me ha sorprendido y mucho. Es muy difícil desde nuestra situación intentar ver aquella realidad”.Son las primeras palabras que nos regala ilusionada la vecina de Amurrio Zohartze Telleria Luengas a su regreso de la Ciudad de Guatemala donde ha colaborado durante un mes en el proyecto que lleva a cabo el Padre Carmelita Cirilo Santamaría, conocido como Ciri y natural del caserío Olazar en Aloria.

Precisamente en este viaje ha participado junto a una sobrina del Padre Ciri, la amurrioarra Nekane Santamaría. “Después de varios años en Izabal o Peten en un entorno indígena, Ciri trabaja en la Pastoral Social que se utiliza como plataforma para desarrollar el trabajo del Centro Social Padre Navarro con niños, pre-adolescentes y mujeres, ubicado en la Zona 7, Quinta Samayoa de la Ciudad de Guatemala” explica Zohartze Tellería.
Este centro nació hace más de 30 años de la mano del Padre Navarro y el Padre Martín preocupados por la necesidad alimenticia de niños y niñas del barrio. Promovieron en primera instancia el comedor infantil Multiplicación de los Panes donde se ofrecía almuerzo y apoyo psicológico. Con posterioridad y dada la carencia de servicios de salud, se abrió una clínica social no lucrativa con servicios de medicina general, odontología, radiología y laboratorio.
El Padre Ciri continúa, mejora, amplía y estructura ese proyecto inicial y se abre la guardería Nuevo Amanecer que atiende diariamente durante ocho horas a un grupo de veinticinco menores. “Facilita formación, talleres de convivencia y apoyo psicológico a las mujeres que allí se encontraban trabajando e incorpora al equipo diferentes profesionales: trabajadora social, contable, psicóloga, profesoras, niñeras y tutores de proyectos entre otros. Un proyecto social estructurado con una buena metodología que intenta mejorar día a día en un entorno doloroso y excluyente” dice Telleria. La guardería, el comedor, la clínica y los diferentes proyectos con pre-adolescentes y mujeres han convertido el centro en un espacio vital para el barrio, referente para las personas más necesitadas y una oportunidad de alejarse de una realidad dura y sombría a la que tienen que hacer frente todos los días y“les permite tener un espacio donde poder cubrir sus necesidades más básicas, como comer pero genera a su vez un espacio, donde la alegría, las sonrisas y el buen hacer corren por cualquiera de sus esquinas”. Detrás de cada niño, pre-adolescente o mujer que acude al centro, “existe una historia a cada cual más compleja, grotesca, cruel, fuera del alcance de cualquier mirada educada en nuestro entorno. Actualmente están centrados en asentar un proyecto para los pre-adoslecentes, como se les llama allí patojos y patojas de 13 años en adelante, sin estudios, ni trabajo, ni futuro, cuyo destino es la callejización, el sicariato o niñas madres antes de los 15 años” añade Zohartze Telleria.
Creando esperanza
La joven amurrioarra destaca que, ubicado en un barrio de clase media-baja, Ciri consigue mes a mes, a través de sus fieles, amigos y la bondad de todos ellos, financiación para poder hacer frente a todos los gastos que este proyecto requiere, muy olvidado por parte de entidades u organismos oficiales. “Ha sido tal la admiración que ha generado su trabajo en mi persona, que no podía quedarme de brazos cruzados y guardar en mi recuerdo lo que allí he vivido. No lograba entender cómo un legado como ese no se conocía en nuestro entorno. Por eso prometí que intentaría dar voz a su proyecto, intentaría seguir contando en voz alta a todo aquel que quisiera escuchar y conocer, la labor que Cirilo Santamaría hace posible a cientos de miles de kilómetros de nuestros hogares, creando esperanza y en el más amplio sentido de la palabra “Ayudando a otros” porque, como le he oído decir en más de una ocasión, detrás de la mirada de un niño siempre hay esperanza” concluye Zohartze Telleria que siempre se muestra dispuesta a dar a conocer el humanitario trabajo del Padre Ciri y a animar a colaborar con esta labor solidaria.

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